CARTA ABIERTA A LOS PROGRES

Mié, 10/24/2012 - 10:18 -- andresvs

POR GABRIELA SALGADO@igotsurvivalism

Son lentes especiales para ver a través de las patrañas de tu religión.

Pertenezco a un grupo minoritario dentro de mi círculo social extendido. Soy una liberal  conservadora, y no es un oxímoron. Creo en todas las libertades del ser humano mientras no corrompan el pensamiento colectivo del decoro. Estoy rotundamente en contra de las drogas, desde la más inofensiva planta del bosque hasta las metanfetaminas más cargadas de químicos que puedan hacerse; sin embargo, respeto el derecho de las personas de disfrutar de sus placeres, bajo su propia responsabilidad. Estoy de acuerdo en defender nuestros puntos de vista, mientras también se les de acogida a los de los demás.

Siento que mis creencias y mis valores están siendo menospreciados por un grupo que cuenta con un grupo de figuras conocidas y sobresalientes como voceros, y el aliciente del apoyo de todos los hijos mimados de la Generación X de nuestra clase social medio-alta. Los progresistas. Siento que, como mujer conservadora-liberal perteneciente a la población económicamente activa del país, estoy sola en este mundo de polos opuestos e ideologías chocantes, de progresistas contra conservadores. 
 
Los progres siempre se quejan de que viven rodeados de fanatismo ciego religioso y conservadurismo en todo ámbito de la vida guayaquileña, y que es hora de un cambio. El cambio, para ellos, se alcanzará si se promueve el laicismo, la libertad sexual y los derechos de la mujer. También, me imagino como parte de su posición anti-establecimiento, muestran inclinación hacia las artes, la exploración interna y la experimentación con varios estímulos como las sustancias ilegales, la música, la expresión visual y plástica de pensamiento, la escritura, etc.; además de un apego por lo independiente, desconocido y ajeno a las convenciones de la sociedad. Es así como tenemos una especie de contra-cultura con actitudes punk que busca liberalizar nuestra sociedad, de tendencia marcadamente conservadora, por medio de arte, DIY e internet.
 
Siento que, con cada uno de sus ataques hacia el conservadurismo, la religión, la forma en la que se estructuran nuestras leyes y nuestra manera de vivir como sociedad, atacan directamente a las creencias de millones de personas que, por falta de oportunidades, medios, conocimiento o motivación, deciden adherirse a la mayoría conservadora de nuestro país, y eso me duele. Siento que su exagerada manera de expresar su punto de vista, rebajando la religiosidad de nuestro pueblo a una simple burla, ofende a muchos más de los que complace, y eso automáticamente los descalifica como activistas serios, y también descalifica todo tipo de quejas que puedan tener contra quienes los ofendan.
 
A mí me ofende su desmesurado apoyo al consumo de drogas y su manera tan casual y cruda de hablar de sexo libre. Para mí esas cosas deben mantenerse en privado, porque no le competen a nadie más que a quien las practica. No estoy en contra del consumo individual de drogas, pero jamás estaré de acuerdo en convertirlas en un artilugio más en la campaña contra el conservadurismo. No estoy de acuerdo con los delirios de grandeza de muchos de los protagonistas de este movimiento. Que sean relevantes en una esfera social reducida no los hace personajes estelares en la película de Guayaquil, ni el centro de atención de sus detractores. Que tengan el apoyo de personas, sean estas muchas o unas cuantas, no los hace los dueños absolutos de la verdad, ni los inmuniza de ataques ni burlas. No estoy de acuerdo con la manera en la que expresan sus puntos de vista: llevándolos a extremos absurdos para demostrar todo lo bueno de su agenda, y todo lo malo de nuestra sociedad actual.
 
Creo que los liberales gozarían del respeto de muchas más personas si tan solo bajaran la guardia y dejaran de tomar posturas tan “bueno vs. malo”, “blanco vs. negro”. Cada opinión cuenta si aporta en algo al beneficio común. Es noble promover una causa justa que beneficie a una porción de la sociedad que no goce del ejercicio libre de sus derechos, siempre y cuando no sea a costa del desprecio y ataque a quienes no lo hagan. Endiosar a quienes los apoyan y demonizar a quienes no, demuestra claramente que, a pesar de tener ideologías de apertura y libertad, los progresistas son tan cerrados y necios como los conservadores.
 
Y por amor a Cristo, por favor, dejen de pensar que el mundo vive para atacarlos. A veces la gente solamente habla porque tiene boca. Lo mismo pasa con ustedes, fin de la historia.